martes, 7 de noviembre de 2017

Carta a Belén sobre las pruebas psicológicas y la inteligencia



Querida Belén:

            Me ha gustado mucho el dibujo que me enviaste de Agustín, el hermano mayor del pequeño Eduardo. Agustín siempre me ha parecido un niño estupendo, y ciertamente, su dibujo reflejando a su familia, es muy tierno. Pareciera que los niños no se cansan de dibujar. Aun si la abrumadora mayoría no llegarán a ser pintores, el dibujo es muy bueno. Dibujar estimula aquello que los psicólogos llaman la motricidad fina, es decir, el movimiento con los dedos para hacer cosas detalladas.
            A los psicólogos también les interesa el dibujo de los niños, porque posiblemente esos dibujos reflejan sus condiciones. Agustín dibuja a una familia feliz porque, en efecto, sus padres y su hermanito viven armónicamente en el hogar. Si un niño de la edad de Agustín dibujara a su padre con un cuchillo ensangrentado matando a su madre, habría motivos para preocuparse.
            Pero, tampoco creas que los dibujos son una bola de cristal para conocer todo sobre la mente de un individuo. Desde hace muchos años, los psicólogos han desarrollado aquello que ha venido a llamarse técnicas proyectivas. Éstas consisten en hacer que un sujeto observe algún dibujo, y lo interprete. Supuestamente, en su interpretación, se colocan en evidencia muchos de sus rasgos. O, también el sujeto puede dibujar algo, y proyectar en el dibujo aquello que está en su mente.

            Todo esto deriva de Freud y el psicoanálisis. ¿Lo recuerdas? Es la teoría psicológica que dice que la mayor parte de nuestra conducta está guiada por pensamientos inconscientes. Según dicen algunos psicólogos, la mente inconsciente puede manifestarse cuando se muestran al sujeto unos dibujos, y se le pide que los interprete.
            Probablemente el más famoso de estos exámenes es la prueba de Rorschach. Cuando eras niña, disfrutabas mucho pintando sobre un papel que luego doblabas, de forma tal que se produjera una forma simétrica. Pues bien, Rorschach era un psiquiatra que también disfrutaba haciendo estas cosas, y se le ocurrió que, al mostrar a sus pacientes estas pinturas, podría conocer mejor su personalidad.
            En la prueba de Rorschach, pues, se muestran diez dibujos simétricos que, en realidad, no representan nada en particular. Es algo así como arte abstracto. El sujeto va explicando qué ve en cada una de esas pinturas. Y, a partir de esas explicaciones, el psicólogo o psiquiatra va anotando su análisis respecto a la salud mental o la personalidad del sujeto. Seguramente has visto estas cosas en la tele.
            A simple vista, parece una prueba muy eficiente. Pues, en efecto, es fácil proyectar nuestra personalidad en la interpretación de imágenes ambiguas. Pero, en realidad, Belén, esto es más característico de psicólogos en películas de Hollywood, que psicólogos en la vida real. La técnica de Rorschach tiene muchos problemas.
            En primer lugar, no existe un criterio firme para decir que tal o cual interpretación de la pintura, representa tal o cual rasgo de personalidad. A diferencia de otros exámenes que inequívocamente tienen respuestas correctas o incorrectas (o, al menos, claramente indicativas de algún rasgo mental), en la prueba de Rorschach no hay estándares claros. Quienes aplican esta prueba, usualmente se basan en los detalles de la respuesta, el énfasis en formas o colores, y la normalidad respecto a lo que el resto de la gente responde frente a la misma pintura. Pero, no son lo suficientemente precisos, y al final, cada psicólogo termina por interpretar según sus propias opiniones. Es interesante que, en ocasiones, la prueba de Rorschach es más una proyección del psicólogo, que del propio sujeto.
            De hecho, uno de los más grandes problemas con la prueba de Rorschach es que, cuando un psicólogo la aplica a un sujeto, y luego otro psicólogo la aplica a ese mismo sujeto, se obtienen resultados distintos. En la jerga psicológica, se diría que esa prueba no tiene fiabilidad. Y además, no es del todo seguro que la prueba de Rorschach mida lo que pretende medir. Por ejemplo, en muchos casos, el psicólogo que aplica la prueba concluye que el sujeto está deprimido. Pero luego, cuando se hacen otros exámenes, otros psicólogos concluyen que ese sujeto no está realmente deprimido. En ese caso, en la jerga psicológica, se diría que el examen no tiene validez.
            La prueba de Rorschach, pues, no es ninguna bola de cristal que permite saber si alguien sufre depresión, ansiedad, o si tiene algún tipo de personalidad específica. Quizás la prueba de Rorschach sí sea más eficiente para detectar la esquizofrenia (¿la recuerdas?, es la enfermedad mental en la cual el paciente ha perdido contacto con la realidad). Si al mostrarte una mancha, me dices que ése eres tú huyendo de los illuminati porque éstos quieren matarte para hacer un sacrificio humano, pues en ese caso, yo podría sospechar que sufres de alguna forma de esquizofrenia.
            Pero, aun en esos casos, habría problemas. Pues, ¿cómo podría yo distinguir que tú descripción de la mancha refleja tu verdadero estado mental, o sencillamente forma parte de tu creatividad? Sería muy tonto diagnosticar a un director de cine de horror con esquizofrenia, sencillamente porque en sus películas, aparecen imágenes muy perturbadoras. Te diría que, a lo sumo, la prueba de Rorschach sólo sirve para hacer una exploración inicial del sujeto. Pero, nadie se la debería tomar muy en serio.
            Otra prueba parecida a la de Rorschach, es el llamado test de apercepción temática. Algunos psicólogos también lo usan. En este examen, no se presentan imágenes de tipo arte abstracto, sino dibujos que representan situaciones. La persona debe explicar qué sucede en lo que se representa. Mi favorita, es la imagen de unos hombres que están introduciendo un cuchillo en el cuerpo de una mujer, y un niño está asustado mientras ve esto. Cuando he mostrado esta imagen a mis amigos, algunos me dicen que los hombres están violando a la mujer; otros me dicen que le están realizando una cirugía para extraerle el apéndice y salvarle la vida. Como ves, es fácil proyectar distintas cosas sobre una misma imagen, y supongo que esto refleja distintos contenidos mentales.
A decir verdad, Belén, el test de apercepción temática no es una gran mejora respecto a la prueba de Rorschach. En apariencia, este examen es menos subjetivo, porque se muestran cosas concretas. Pero, sufre los mismos problemas: tiene poca confiabilidad y poca validez. De nuevo, yo te diría que este examen sirve para explorar inicialmente a un sujeto, pero nada más.
Los dibujos que las propias personas hacen tampoco nos dicen gran cosa sobre ellas. Una vez más, el problema es que no hay un criterio bien establecido para decir que esta o aquella representación en el dibujo refleja un rasgo mental específico. Además, nuevamente, en estos exámenes, ¿cómo podemos distinguir la creatividad y los verdaderos contenidos mentales? Es un poco como las brujas de Goya: ¿tú crees que todas esas macabras mujeres que pintó Goya, reflejan que el gran pintor realmente creía en las brujas? Todo indica que no, pero quizás uno de estos psicólogos fascinados con el Rorschach y exámenes por el estilo, habría dicho que Goya era un esquizofrénico que creía que las brujas estaban a su acecho.
Hay quien dice que si una persona dibuja a alguien con ojos grandes, entonces eso es señal de que es paranoico, pues cree que con esos ojos grandes, alguien lo está vigilando. O, si se dibuja a una persona con corbata muy larga, eso es señal de que es un depravado sexual, pues la corbata representa un pene enorme. Tonterías. Todo esto es básicamente el mismo cuento de Freud y sus análisis de sueños, ¿lo recuerdas? Puede ser entretenido jugar a ser analista y descifrar símbolos. Pero, eso está bien para los egiptólogos y los jeroglíficos en las pirámides, no para los psicólogos.
Lamentablemente, incluso los detectives en ocasiones han tratado de utilizar estas técnicas para supuestamente atrapar criminales. La disciplina de la grafología consiste en analizar la caligrafía de las personas, para descubrir sus personalidades. Así, cuando un criminal deja una nota escrita a mano, supuestamente el detective puede anticipar su próxima jugada, pues la caligrafía es suficiente para hacer un perfil.
            En realidad, tal cosa no es posible. Una carta sí puede revelar la personalidad de alguien. Pero, no es la caligrafía en sí, si no el mensaje de la carta, lo que es útil para hacer un perfil psicológico. Y, también es cierto que se puede analizar la caligrafía de una persona, para corroborar si esa misma persona escribió otra carta. Pero, es una tontería decir que alguien es un sádico, por el mero hecho de que cuando escribe la letra “l”, lo hace como si fuera un látigo. Lamentablemente, algunos grafólogos creen semejantes estupideces.
            Las pruebas proyectivas no son las únicas que generan controversia entre psicólogos. Tanta o más controversia generan las llamadas pruebas de inteligencia. En el cole, continuamente te hacen pruebas para medir cuánto conoces en alguna materia. En la universidad, te harán aún más pruebas de ese tipo. Pero, cada una de esas pruebas son muy específicas: geografía, matemática, historia, biología, química, etc. En cambio, desde hace varias décadas, a los psicólogos les ha interesado la posibilidad de medir, no meramente el conocimiento en cada materia, sino la inteligencia general que alguien pueda tener.
            Tú siempre has tenido buenas calificaciones en el cole. En cambio, sé que algunas de tus amigas no tienen tan buenas calificaciones. ¿A qué crees que se debe esto? ¿Son perezosas y no estudian? O, más bien, ¿estudian, pero no logran entender o retener bien la información? Cada caso es distinto, y es difícil precisar una sola causa. Pero, sí parece cierto que, aquellas de tus amigas que tienen buenas calificaciones en una materia, también tienen buenas notas en otra materia. Y, las chicas que no van bien en una, no van bien en otra.
            Un psicólogo, Charles Spearman, se dio cuenta de esto, y propuso que la misma habilidad para estudiar matemática, está presente para estudiar gramática, o cualquier otra materia. Spearman decía que, más allá de las especificidades de las habilidades cognitivas, existe una inteligencia general, o como él la llamó, un factor g. Esta inteligencia general consiste en reconocer relaciones a partir de las experiencias que una persona observa; es decir, aprender a reconocer patrones.
            Otros psicólogos se interesaron por esta idea, y trataron de diseñar pruebas que pudieran cuantificar el factor g. Uno de esos psicólogos, Alfred Binet, diseñó unas pruebas para medir la inteligencia de cada persona. Vinieron a llamarse las pruebas de cociente intelectual, y se usan con frecuencia hoy. Seguramente en el cole, en algún momento, te hicieron una de estas pruebas.
Binet trabajaba con niños, y pretendía tener un diagnóstico respecto a cuáles estudiantes mostraban dificultades cognitivas, a fin de que el sistema educativo francés pudiera dedicarles atención especializada. Las pruebas originales de Binet se concentraban en habilidades memorísticas, y resolución de problemas. Él pensaba que los resultados de estas pruebas podrían contrastarse respecto a la expectativa que se tendría a partir de la edad del niño a quien se le aplican las pruebas. 

Así, habría una edad cronológica (la edad del niño), y una edad mental (la edad que un niño exhibe con su conducta). Binet proponía que el cociente intelectual sería el resultado de la edad mental dividido entre la edad cronológica, multiplicado por 100. Un niño con la edad mental de 12 y la edad cronológica de 12, tendría un CI de 100; un niño con edad mental de 12 y edad cronológica de 15 tendría un CI de 80, y así sucesivamente. Esto serviría para que, aquellos niños que tuvieran un cociente intelectual menor a 100 (es decir, que su edad mental fuese menor a su edad cronológica), pudieran recibir atención especializada. Un maestro necesita saber cuáles niños son menos inteligentes, no para discriminarlos, sino más bien para ayudarlos.
Lamentablemente, con buenas intenciones se pueden terminar haciendo cosas muy malas. En varios países, las pruebas de Binet se empezaron a aplicar como criterio de aceptación en la inmigración, y así, se usaba el cociente intelectual para distinguir a ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. En el caso de los inmigrantes, la aplicación de las pruebas de cociente intelectual era especialmente problemática. Pues a los inmigrantes que no hablaban el idioma del país, se les aplicaban las pruebas sin traducción. Como comprenderás, a los inmigrantes se les empezó a estigmatizar debido a su supuesta falta de inteligencia.
Eventualmente, los psicólogos se dieron cuenta de este error, y tradujeron las pruebas.  Pero, en muchos casos, estas pruebas siguen siendo problemáticas, porque más que medir la capacidad de razonamiento propiamente, se limitan a hacer preguntas sobre conocimientos adquiridos que, en realidad, varían en cada país. Me consta que eres muy inteligente. Pero, si te preguntara en cuál ciudad murió Simón Bolívar, seguramente no sabrías responder. ¿Es esto debido a tu falta de inteligencia? ¡No! Sencillamente, puesto que no eres colombiana o venezolana, la información sobre la muerte de Bolívar no es tan importante. Pues bien, lamentablemente, muchas preguntas en las pruebas de cociente intelectual, son sobre conocimientos de culturas específicas, y no propiamente universales.
Otro psicólogo, Raymund Cattel, se dio cuenta de este problema, y propuso hablar de dos tipos de inteligencia: la cristalizada y la fluida.  La inteligencia cristalizada es aquella que se manifiesta en las habilidades a partir de conocimientos culturalmente adquiridos. Para medir este tipo de inteligencias, se harían preguntas de rellenar como “La Ilíada es a Homero lo que Don Quijote es a…”.  
La inteligencia fluida, en cambio, es la habilidad para razonar que es independiente del contexto cultural, y que en opinión de Cattel, es fundamentalmente innata y responde a la constitución neurológica del cerebro. Para medir este tipo de inteligencia, Cattel diseñó una prueba que pretendía estar libre de sesgos culturales, y que fuese justa para todos los participantes. Luego, otro psicólogo, John Raven, desarrolló una ingeniosa prueba, en la cual se presentan patrones visuales en progresión, con creciente nivel de complejidad, y la persona tiene que seleccionar cuál debería ser el siguiente objeto en la progresión.
Cuando estas pruebas de cociente intelectual se aplican, los resultados suelen estar distribuidos equitativamente. La mayoría de las personas obtiene 100 puntos (recuerda, esto equivaldría a que la edad mental es la misma que la cronológica, y se considera el resultado promedio), un porcentaje obtiene entre 100 y 150 puntos, y un porcentaje similar obtiene entre 50 y 100.
Pero, extrañamente, en estas pruebas, algunos grupos raciales tienen mejor puntajes que otros. En promedio, los asiáticos tienen un puntaje levemente superior a los europeos. En cambio, los europeos tienen un puntaje bastante superior a los africanos. Hay quien dice que la inteligencia está en los genes, y que por ende, estos resultados son evidencia de que los negros son menos inteligentes que los blancos. Según esta teoría, es un desperdicio invertir en educación para gente negra, pues por más que se les enseñe, nunca aprenderán bien, pues no tienen la inteligencia necesaria para aprovechar la educación.
Lamentablemente, Belén, hay que enfrentar los hechos. Y, por más que a mí me desagrade el racismo, es cierto que, cuando se trata de las pruebas de cociente intelectual, los negros tienen puntajes inferiores a los blancos. Pero, yo no me apresuraría a dar la razón a los racistas.
En primer lugar, es difícil precisar hasta qué punto la inteligencia ya está en los genes. Cuando se estudian gemelos (¿recuerdas?, ese método sirve para tener una idea de cuán natural o aprendida es una conducta), se confirma que, en un porcentaje considerable, aun separados al nacer, terminan teniendo el mismo nivel de inteligencia. Pero, yo no diría que eso es prueba concluyente de que ya nacemos con un nivel fijo de inteligencia.
Así como la inteligencia puede tener una base genética, es también indiscutible que las condiciones educativas ayudan mucho. Por más que tengas buenos genes para ser inteligentes, si tus padres no te inscriben en la escuela, difícilmente podrás desarrollar bien la inteligencia. Y, lo cierto es que, en líneas generales, a los negros se les ha excluido de la educación. En África ha habido muchísimas guerras, y así resulta muy difícil estudiar. Y, cuando los africanos han migrado a Europa o América, han sido marginados y excluidos, de forma tal que, de nuevo, no tienen buenas condiciones sociales para desarrollar inteligencia.
Tú podrás decirme que en tu clase, hay varias chicas negras, y no pareciera que están muy oprimidas. Quizás a algunos negros los llevaron esclavizados en cadenas desde África hace unos siglos, pero ya eso no es así, y de hecho, tus compañeros negros reciben la misma educación que tú.
Pero, esto más bien confirma la idea de que la inteligencia no depende tanto de los genes, sino más bien de las condiciones sociales y educativas. Pues, un psicólogo, James Flynn, ha recopilado los resultados de pruebas de cociente intelectual en varias regiones del mundo desde hace varias décadas, y ha descubierto que ha habido un incremento significativo en los resultados. A este fenómeno se le llama el efecto Flynn. Yo no diría que, en apenas dos generaciones, los genes han cambiado, y han hecho que la gente se vuelva más inteligente. A mí me parece más razonable suponer que, con las mejoras en la educación, los niveles de inteligencia aumentan. El ambiente social pesa más que la genética, cuando se trata de la inteligencia.
En todo caso, Belén, quizás esas pruebas de cociente intelectual tengan problemas parecidos a los de la prueba Rorschach. A diferencia de la prueba Rorschach, las pruebas de cociente intelectual sí tienen fiabilidad; es decir, cuando se aplican una vez a alguien, y luego se vuelven a aplicar, se obtienen los mismos resultados. Pero, no es tan seguro que las pruebas de cociente intelectual tengan validez. Quizás las pruebas de cociente intelectual no midan realmente la inteligencia.
De hecho, la pregunta es: ¿qué es la inteligencia? Nadie sabe bien. Quizás la palabra inteligencia aglutina engañosamente un conjunto grande de atributos mentales, que no necesariamente tienen relación entre sí. Así como los maestros parecen confirmar diariamente que el factor g (al ver que los estudiantes que tienen buenas calificaciones en una asignatura, también la tienen en otras), también podemos observar otras cosas que permiten pensar lo contrario.
Por ejemplo, ¿recuerdas a los savants, cuando te escribía sobre el autismo? Estas personas son incapaces de razonar cosas básicas, pero al mismo tiempo, tienen talentos extraordinarios para hacer cosas complejísimas, como por ejemplo, hacer cálculos de números astronómicos. ¿Son estas personas inteligentes? Pues, pareciera que en algunas cosas sí lo son, pero en otras no. No es tan fácil describir su conducta con una sola palabra, inteligencia.  
Mucha gente inteligente, no lo ha sido tanto en otras cosas. Piensa, por ejemplo, en Einstein (seguramente lo conoces, el gran físico alemán que descubrió la relatividad). Einstein tuvo una vida conyugal muy tormentosa, y en su matrimonio tomó decisiones que, alguien con mayor grado de inteligencia en asuntos matrimoniales, habría evitado. ¿Era Einstein inteligente? De nuevo, es difícil describir su conducta con una sola palabra, pues inteligencia puede significar muchas cosas.
            Frente a casos como éstos, algunos psicólogos han preferido no seguir la teoría de Spearman y el factor g. Y más bien, proponen que la inteligencia consta de varias habilidades mentales, que no pueden ser aglutinadas en un único factor
Un psicólogo, Howard Gardner, ha dicho que no existe una inteligencia generalizada, sino más bien, inteligencias múltiples. Según Gardner hay ocho tipos de inteligencia: visual-espacial, lingüística-verbal, lógica-matemática, corporal-cinestésica, musical, intrapersonal, naturalista. Las pruebas convencionales de inteligencia suelen concentrarse fundamentalmente en aspectos lingüísticos-verbales y lógico-matemáticos, pero Gardner decía que eso es un concepto muy limitado de la inteligencia, y más aún, que realmente no sirve como criterio de predicción para otros aspectos de la conducta. De hecho, Gardner postuló que el desarrollo de cada inteligencia procede de regiones distintas del cerebro, y que el daño a algunas regiones cerebrales no implica el colapso de la inteligencia en los otros ámbitos.
Parece que tiene razón. ¿Recuerdas, por ejemplo, cuando te escribía sobre el caso de H.M., el hombre que no tenía hipocampo? Cuando trataba de recordar cosas que sucedían diez minutos, H.M. no era muy inteligente. Pero, en todo lo demás, H.M. tenía una inteligencia normal, precisamente porque las otras partes de su cerebro estaban intactas.
En fin, Belén, los psicólogos aún no resuelven esta controversia sobre las inteligencia. Puede ser que haya un factor g, o puede ser que haya inteligencias múltiples. Ciertamente las pruebas de cociente intelectual tienen problemas que aún no se han corregido por completo. Pero, a la hora de la verdad, estas pruebas siguen siendo útiles, y a pesar de sus abusos, siguen cumpliendo la función original que le asignó Binet: detectar a aquellos niños que tienen deficiencias cognitivas, a fin de dedicarles una atención especial para ayudarlos.
Es indiscutible que hay personas con retraso mental. Y, cuanto antes se detecte este retraso, mejor será su tratamiento. La mejor forma de detectarlo es, precisamente, a través de pruebas de cociente intelectual. Si una persona obtiene un puntaje menor a 70, los psicólogos consideran eso retraso mental.
El tratamiento del retraso mental depende de su severidad. Si una persona obtiene un puntaje entre 50 y 70, se considera que es retraso leve; si es entre 35 y 55, se considera un retraso moderado; y si es menor a 35, se considera un retraso severo. Por lo general, las personas con retraso leve pueden hacer labores no muy difíciles, y pueden vivir por cuenta propia. En cambio, las personas con retraso moderado y severo, necesitan de guardianes, pues no pueden resolver aspectos básicos de la vida diaria, tales como su higiene y alimentación.
Lo que los psicólogos y educadores deben hacer con estas personas, es tratar de usar técnicas educativas para cultivar en ellos hábitos que les permitan mejorar esos aspectos de su vida diaria, y tratar de cultivar en ellos un mínimo de independencia. Obviamente, hacer esto no es fácil, y se requiere de mucha paciencia. Pero, si se usan los principios básicos del aprendizaje (¿los recuerdas?, son básicamente las formas de condicionamiento, como en el perro de Pavlov y la rata de Skinner), puede haber mejoras.
Además, es importante estar consciente de que esto implica mucho estrés para los familiares del retrasado mental. Por eso, el tratamiento psicológico no debe dirigirse solamente al retrasado en sí, sino también a sus familiares. El psicoterapeuta puede trabajar con ellos enseñándoles técnicas para enfrentar la ansiedad y la depresión, pues sin duda, tener a un pariente con retraso mental es una situación muy difícil.
Aún no te planteas tener hijos. Pero, sí sería bueno, Belén, que conozcas cuáles son los riesgos que hacen que un niño sufra retraso mental. En algunos casos, ya los niños nacen así. En nuestras células, tenemos cuarenta y seis cromosomas. Pero, algunos niños nacen con un cromosoma adicional, y como resultado, tienen el síndrome de Down. Estas personas sufren retraso mental (la severidad puede variar), y por lo general, en la edad adulta, terminan desarrollando síntomas parecidos a los de la enfermedad de Alzheimer (¿la recuerdas?, es la enfermedad neurológica que afecta las facultades cognitivas de quien la sufre). Seguramente has conocido a personas con síndrome de Down; suelen tener los ojos un poco más rasgados, y por eso, en una época se les llamaba mongólicos. No uses nunca esa palabra, Belén. Es muy ofensiva.
Si decides tener niños a una edad avanzada, el riesgo de que nazca con síndrome de Down aumenta significativamente. Creo que aún estás muy joven para ser madre, pero tampoco sería bueno que esperes a los cuarenta para ser madre. Si acaso a esa edad quedas embarazada, podrías hacer un examen médico para evaluar si el feto tiene síndrome de Down. En un caso así, ya será tu decisión si decides abortar o no… Por ahora, en esta carta, no pretendo mortificarte con el tema del aborto, y decidir si está bien o está mal abortar. Mejor consulta a tu hermana Victoria, que es filósofa, y conoce mejor estas cosas.

La mayoría de los niños que nacen con retraso mental, no obstante, son así debido a que sus madres bebieron alcohol durante el embarazo. Quedé muy triste aquella ocasión cuando me contaste que, en la fiesta de graduación de Rebeca, había una chica embarazada que estaba en plan de botellón. Eso es muy peligroso, no tanto para ella, sino para el niño, pues en efecto, aumenta las probabilidades de que no desarrolle su inteligencia adecuadamente.
Y, según parece, la exposición al plomo y al mercurio en la infancia, también puede generar retraso mental. Hace años, era muy común que los niños jugaran con soldaditos de plomo. Hoy, sabemos que el plomo es muy tóxico. Los padres deberían estar más conscientes, y alejar a los niños de juguetes hechos con plomo.
Sé que tú eres muy cariñosa con Eduardo y Agustín, pero por último, quisiera decirte que el retraso mental también puede ser ocasionado por el maltrato a los niños. Pero, no solamente el maltrato; también el abandono de los niños, y el no darles la suficiente atención, pueden causar en ellos retraso mental.
De vez en cuando, ha habido historias de niños que se crían entre animales. Ya sabes que estos cuentos son muy populares; piensa en Tarzán o en Mogwli, el chico de El libro de la selva. En esas historietas, los niños, ya como adultos, resultan ser normales, incluso inteligentes. Pero, tal cosa en realidad no ocurre. Sí ha habido niños abandonados que han crecido junto a animales, y como consecuencia, nunca aprenden a hablar. Lamentablemente, estos niños terminan sufriendo retraso mental, la mayoría de las veces severo.
Pero, incluso sin criarse entre animales, si no se interactúa con el niño, seguramente terminará siendo retrasado mental. Un historiador griego de la antigüedad, Heródoto, contaba que un faraón de Egipto quería saber cuál era el lenguaje original de la humanidad. Para eso, ordenó a unas mujeres criar a un par de niños, sin jamás hablarles. El faraón pensaba que la primera palabra que pronunciaran esos niños, indicaría cuál fue el primer lenguaje de la humanidad. Yo no sé si esta historia es real (Heródoto contaba muchas mentiras), pero si acaso sí lo fue, es terrible. Esos pobres niños seguramente vinieron a ser retrasados mentales.
Espero que Agustín siga con sus dibujos. Recuerda, es muy importante estimular a los niños. A veces veo en la tele a políticos que dicen que no debería haber tareas y deberes en el hogar, que eso debería quedarse en la escuela. La verdad, Belén, es que no sé qué pensar. Recuerdo que, cuando era niño, yo me mortificaba con las tareas escolares que tenía que hacer en casa. No quisiera eso para los niños de ahora. Pero, también pienso que, gracias a esas tareas, tuve la capacidad de aprender sobre psicología, y escribirte estas cartas. Se despide, tu amigo Gabriel.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Carta a Belén sobre el cerebro



Querida Belén:

¡Vaya golpe me he dado este fin de semana! Decidí dar una vuelta en bicicleta, como habitualmente hago. Pero, tropecé y me caí. No llevaba casco. Aún me duele un poco la cabeza, aunque ya voy mejorando. Con todo, me queda una preocupación. Ya sabes que siempre me han gustado las historietas de Batman. Uno de los villanos en esas historietas es el Rey Tut. Es un amable profesor de egiptología en una prestigiosa universidad norteamericana, y de repente, un ladrillo cae sobre su cabeza. Entonces, se convierte en un desquiciado faraón y azota a la ciudad con sus crímenes. Tras mi tropiezo con la bicicleta, me pregunto si yo mismo podría terminar siendo como el Rey Tut.
Bromeo, por supuesto. Pero, no es broma que un golpe en la cabeza sí puede cambiar significativamente nuestra conducta. Seguramente en alguna ocasión has oído al cura de la parroquia hablar del alma. Extrañamente, las religiones nunca precisan suficientemente bien qué es el alma. Según parece, es algo así como una sustancia inmaterial que define tu personalidad. Yo no creo que tal cosa existe. Nuestra personalidad está en el cerebro. Y, me temo que si hay alguna lesión al cerebro, habrá cambios en la personalidad.

De hecho, sabemos que esto es así, gracias a un caso muy conocido en la historia de la psicología, el de Phineas Gage. Este señor era un trabajador ferroviario en EE.UU. durante el siglo XIX. Gage estaba encargado de hacer explosiones para generar agujeros en el suelo, y en una de esas explosiones, un tubo metálico salió volando frente a él. En su recorrido, el tubo le atravesó la cabeza. Podrás imaginar el susto que pasó el pobre Gage. Con todo, Gage sobrevivió y se recuperó.
Pero, su recuperación fue muy extraña. Antes del accidente, Gage era una persona muy afable, y muy querida por los demás. El accidente no afectó sus conocimientos o su inteligencia. Pero, sí modificó su conducta. Gage se convirtió en un hombre agresivo, grosero, y desenfrenado sexualmente. Esa transformación fue muy rápida, e impactó a todos los que le conocían.
Casos como éste me convencen de que el alma no existe. Si nuestra personalidad procede de una misteriosa sustancia inmaterial, ¿por qué, entonces, Gage no mantuvo su personalidad anterior? Obviamente, los cambios conductuales de Gage aparecieron como consecuencia de las lesiones que dejó el tubo en su cerebro. Si acaso hay algo que podamos llamar alma, eso estaría en el propio cerebro.
El cerebro, sobre todo el de los seres humanos, es complejísimo. El cerebro está hecho de neuronas, un tipo especial de células. ¿Recuerdas cuando te escribía sobre las drogas? Pues bien, en esa carta te decía que las neuronas se pasan mensajes químicos entre sí, y dependiendo de cuántos químicos y de qué tipo se pasen, otras neuronas se activan. A su vez, dependiendo de cuántas neuronas se activen, habrá distintos tipos de conducta. Por ejemplo, cuando se activan demasiadas neuronas, el resultado es la epilepsia. Antaño, las religiones decían que la epilepsia ocurría porque un demonio se apoderaba del alma de la persona. Ya nadie cree semejante tontería. Cuando se trata de la epilepsia, ya nadie habla del alma; todo el mundo entiende que se trata del cerebro. Pero extrañamente, cuando se trata de la conducta en general, todavía hay personas que prefieren hablar del alma, y les cuesta admitir que, en realidad, viene del cerebro.
Puedes pensar en el cerebro como un órgano que consta de tres partes. A los científicos más sofisticados no les hace mucha gracia pensar en el cerebro de ese modo, porque ellos dicen que en realidad el cerebro es muchísimo más complejo. Pero un científico, Paul MacLean, propuso en sus libros entender el cerebro como un objeto que consta de tres grandes secciones, y cada una de esas secciones se corresponde con nuestro pasado evolutivo como especie.
Ten presente, Belén, que nosotros venimos de otras especies. Y esas especies no tenían un cerebro tan desarrollado como el nuestro. Nosotros los humanos hemos heredado cerebros simples, pero a medida que fuimos evolucionando, esos cerebros se hicieron más complejos. Con todo, esa evolución se refleja en la propia estructura de nuestros cerebros. Y así, en nuestro cerebro tenemos partes más primitivas y simples, y partes más complejas y avanzadas.
En nuestro cerebro, la parte inferior es la más primitiva, y la que compartimos con nuestros primos más lejanos. A medida que fuimos evolucionando, se iban añadiendo partes más sofisticadas encima, pero esas partes primitivas originales se han mantenido.
La parte más primitiva de nuestro cerebro es el llamado tallo cerebral. El cerebro se conecta con la espina dorsal, y una de esas conexiones viene en ese tallo. El tallo cerebral consta de la médula oblonga, el cerebelo y la formación reticular. Recuerda que muchos otros animales comparten con nosotros estas partes del cerebro. Por eso, algunas personas llaman a esto la parte reptiliana del cerebro.
Como comprenderás, no es difícil adivinar que estas estructuras tienen que ver con aquellas conductas que otros animales comparten (incluso los reptiles). En la médula oblonga no ocurren pensamientos sobre el sentido de la vida o la mortalidad del cangrejo. Esas preguntas propias de los filósofos ocurren en otras regiones del cerebro. La médula oblonga sólo se encarga de regular cosas como la respiración, la digestión o los ritmos del corazón. Sin estas funciones, obviamente no podrías vivir, y es por eso que, si esta región sufre un daño con un golpe en la cabeza o cualquier otra lesión, lo más probable es que mueras.
La formación reticular se encarga de regular los ritmos de sueño. Si sufres lesión en esa región del cerebro, es probable que no puedas dormir adecuadamente. El cerebelo, por su parte, tiene que ver con la coordinación de movimientos. Si hay una lesión en tu cerebelo, podrías tener dificultades a la hora de caminar, mantener balance, o usar las manos sin que te tiemblen. Ya sabes, los cocodrilos caminan, de forma tal que ellos, como todos los reptiles, también tienen cerebelo.
Encima de esa parte reptiliana del cerebro, está aquello que podemos llamar la región paleomamífera. Como su nombre indica, compartimos esta región con animales más cercanos a nosotros, como los mamíferos. Esta región tiene que ver fundamentalmente con las emociones. Quizás los reptiles sí tengan emociones. Pero, tú has tenido perros y conejos como mascotas. Y, sabes muy bien que esos animales (que son mamíferos), se apegan mucho más, y tienen más emociones, que una iguana o un lagarto (que son reptiles). Por eso, nuestras emociones están en aquellas partes del cerebro que compartimos con los perros y conejos.
Esta región paleomamífera consta de varias estructuras. El hipocampo se encarga de procesar las memorias (¿recuerdas el caso de H.M.?, era el hombre a quien se le extrajo el hipocampo, y como resultado, no podía formar nuevas memorias).
La amígdala se encarga de regular la agresión, la ira, el miedo, y otras emociones. ¿Recuerdas cuando te escribía sobre los psicópatas? En esa carta te decía que, según parece, tienen la amígdala más pequeña. Es natural que así sea, pues los psicópatas sienten menos miedo que el resto de la gente. Ha habido experimentos en los cuales se estimula eléctricamente la amígdala de un gato, y el pobre animal se vuelve muy temeroso, incluso de un ratón. Pero, si se estimula otra parte de la amígdala, el gato se vuelve muy agresivo.
El tálamo se encarga de distribuir la información que captamos a través de los sentidos. De ahí, va a otras partes del cerebro. ¿Recuerdas cuando te escribía sobre el LSD? Esto es una droga que causa alucinaciones. En ocasiones, esta droga afecta el tálamo. Y así, cuando una persona está intoxicada con LSD, puede ocurrir que su tálamo envíe la información sensorial a regiones equivocadas del cerebro. Así, el tálamo podría enviar información auditiva a la parte el cerebro que procesa información visual. Extrañamente, la persona podría “ver” sonidos. Hay otras personas que “oyen” colores. A este fenómeno se le llama sinestesia. La persona puede ver un color, pero en realidad, lo interpreta como si fuera un sonido. Su tálamo no funciona adecuadamente.
Debajo del tálamo está el hipotálamo, una estructura que tiene muchas funciones. Básicamente, se encarga de activar la excitación sexual (¿recuerdas que, según parece, los hombres homosexuales tienen un hipotálamo más parecido al de las mujeres heterosexuales que al de los hombres heterosexuales?). También se encarga de dar la sensación de hambre o llenura, y de conectarse con las glándulas que envían hormonas para que se active el estrés ante situaciones de peligro.
Y, la región del cerebro que está encima de todas las demás, es aquella que MacLean llamó el neocórtex. Acá es donde se ubica la inteligencia, y aquellas funciones cognitivas que sólo algunos selectos animales tienen. Se llama córtex, porque si lo ves, se parece un poco a la corteza de un árbol: es muy arrugado. Y, se dice neocórtex, porque a diferencia de las otras regiones del cerebro, es más nueva en términos de la evolución. Los dinosaurios, con sus cabecitas, no la tenían. Los monos la tienen, pero es muy pequeña en comparación con nuestro cerebro. Nosotros somos cabezones, en buena medida porque nuestro neocórtex es muchísimo más grande que el de otras especies. Las cosas que podemos hacer, que un chimpancé no puede (como por ejemplo, escribir y leer cartas como ésta), se originan en esta región. El lenguaje, el razonamiento, las habilidades matemáticas, y otras habilidades por el estilo, se alojan ahí. Algunos también la llaman materia gris, por su color grisáceo.
El neocórtex parece simétrico. De hecho, está dividido en dos hemisferios. Y, cada hemisferio se divide en varias regiones, cada una con funciones distintas. En el frente, están los lóbulos frontales. Ahí se aloja la capacidad para controlar la conducta, razonar, y realizar movimientos finos (es decir, movimientos detallados con los dedos). Ésta es la región que sufrió daños en el cerebro de Phineas Gage. Sus lóbulos frontales, al estar lesionados, no permitieron a Gage ejercer control sobre su propia conducta, y así, buscaba satisfacer sus deseos instintivamente, sin pensar en las consecuencias.
Una parte de uno de los lóbulos frontales, se conoce como el área de Broca. Esta área es muy importante, porque una lesión ahí puede producir afasia, o la incapacidad para hablar adecuadamente. Broca fue un científico que atendió a pacientes que, extrañamente, no podían hablar, pero sí podían comunicarse de otras formas. Al hacer autopsias a estos pacientes, Broca descubrió que una región en los lóbulos frontales, estaba dañada. Muchas veces, cuando las personas sufren accidentes cerebrovasculares (esto ocurre cuando la sangre no llega bien al cerebro), no logran hablar. Esto es debido a que el accidente cerebrovascular ha lesionado el área de Broca.
En una época, los médicos pensaban que si se lograba desconectar los lóbulos frontales del resto del cerebro, se podrían curar muchas enfermedades mentales. A un médico, Antonio Moniz, se le ocurrió hacer operaciones que consistían en introducir una pinza a través de los ojos, y llevarla hasta el cerebro, cortando parte del lóbulo frontal. Por este procedimiento, que vino a conocerse como lobotomía, a Moniz le dieron un Premio Nobel.
Mucha gente buena ha recibido estos premios, Belén. Pero, me temo que, en algunas ocasiones, a los escandinavos les ha patinado el coco repartiendo estos honores. Las lobotomías resultaron ser unas calamidades. Se practicaban por doquier para supuestamente curar a los enfermos mentales, sobre todo los más alterados. Ciertamente, con las lobotomías, muchos enfermos mentales se calmaban. Pero, también, quedaban despojados de la capacidad para hablar o razonar adecuadamente. A decir verdad, no sorprende. Recuerda que en los lóbulos frontales están las capacidades cognitivas más importantes. Cuando los médicos cortaban esas conexiones con el resto del cerebro, despojaban a esos pacientes de la oportunidad de mantener sus facultades más importantes.
Detrás de los frontales, están los lóbulos parietales. Básicamente esta parte del neocórtex se encarga de las sensaciones táctiles que envían los nervios procedentes de la piel. Detrás de los parietales, están los lóbulos temporales. Ahí se procesa la información auditiva que recibimos, y es también donde se almacenan las memorias significativas (recuerda, primero se almacenan en el hipocampo, y luego pasan a los lóbulos temporales). Una región de uno de los lóbulos temporales, se llama el área de Wernicke. Recuerda que Broca estudió el cerebro de pacientes que no podían hablar. Pues bien, Wernicke fue otro médico que hizo autopsias, no de personas que no podían hablar, sino de personas que no parecían entender el significado de las palabras. Y así, descubrió que estos pacientes tenían dañada esa región en particular. Una lesión en el área de Wernicke produce un tipo de afasia, en el cual la persona no entiende lo que se le dice, y habla disparates.
Por último, detrás de los temporales, están los lóbulos occipitales, que es donde se procesa la información visual que recibimos. Un científico, Oliver Sacks, escribió un famoso libro sobre un señor que confundía a su esposa con un sombrero, al punto de que, algunos días, tomaba la cabeza de su esposa y trataba de ponerla en su propia cabeza, como si fuera un gorro. Este señor sufría agnosia. La agnosia es una enfermedad neurológica que no permite reconocer objetos. En algunos casos, se sufre la incapacidad de reconocer caras; en estos casos, se trata de prosopagnosia. Esto surge como consecuencia del mal funcionamiento de los lóbulos occipitales.
Hay una misteriosa enfermedad, en la cual, la persona reconoce caras conocidas, pero cree que se tratan de impostores. Ya puedes imaginar lo terrible que es esto; supón que tienes una amiga, pero cuando te ve, ella piensa que tú no eres Belén, sino otra persona que se está haciendo pasar por ti. A esta condición se le llama el mal de Capgras. Los psicólogos no saben muy bien por qué ocurre esto. Pero, una teoría es que la parte del cerebro encargada de procesar la información visual y el reconocimiento de caras, no envía esta información a la región del cerebro que controla las emociones (especialmente la amígdala). Así pues, en estos casos, la cara se reconoce, pero no se siente la emoción que cabría esperar, y como consecuencia, la persona termina creyendo que se trata de un impostor.
Como te decía, el neocórtex está dividido en dos grandes hemisferios. A simple vista, resultan simétricos, pero en realidad, tienen funciones distintas. El hemisferio izquierdo controla el lado derecho del cuerpo, y viceversa. Pero, la diferencia en sus funciones también tiene que ver con el tipo de información que procesan, y las habilidades que alojan. El hemisferio izquierdo está más asociado con el pensamiento lógico y el lenguaje; el derecho está más asociado con la creación artística y las habilidades espaciales.
Seguramente has escuchado a alguna de tus amigas decir que ella encaja más con un hemisferio que con otro, y que los matemáticos son del lado izquierdo, mientras que los pintores son del lado derecho. No es propiamente así. Ciertamente los hemisferios son distintos, pero la diferencia no es tan tajante. Con todo, algunos psicólogos han hecho unos experimentos curiosísimos que confirman que, en efecto, cada hemisferio atiende distintos tipos de pensamientos.
La epilepsia, como te decía, es una enfermedad que es causada por una actividad excesiva de las neuronas. Quienes la sufren, repentinamente tienen ataques de convulsiones. Para esta enfermedad, hay algunas drogas (los anticonvulsivos) que pueden ayudar. Pero, con aquellos pacientes que toman estas drogas y siguen sufriendo convulsiones, algunos médicos han propuesto cortar el cuerpo calloso. El cuerpo calloso consta de unas fibras que conectan a un hemisferio cerebral con el otro. Cortando estas fibras, hay menos conexiones entre neuronas, y así, las convulsiones cesan.
Con los pacientes que se ha hecho esto, todo parece marchar normal. Esto no es como la lobotomía, que destroza la vida de quienes la sufren. Pero, dos científicos, Roger Sperry y Michael Gazzaniga, estudiaron más a fondo a algunos de estos pacientes, y al hacer algunos experimentos, descubrieron que tenían algunas conductas extrañas. Esto, en efecto, parecía confirmar que cada hemisferio tiene distintas funciones.
Por ejemplo, Sperry y Gazzaniga tapaban los ojos de un paciente, y le daban un objeto  en su mano izquierda. Al estar en la mano izquierda, la información sobre ese objeto va al hemisferio derecho. Pero, puesto que la capacidad para el lenguaje se aloja en el hemisferio izquierdo, el paciente no lograba expresar en palabras lo que sentía con la mano. Si el cuerpo calloso estuviera presente, no habría problema, pues la información que recibe un hemisferio, se pasa al otro, y así, el paciente puede describir con palabras lo que siente con la mano izquierda. Pero, al no haber cuerpo calloso, esa información no se pasa, y así, el paciente es incapaz de describir el objeto.
Otro experimento consistía en hacer que un paciente viera un punto en una pantalla. En esa pantalla, se proyectaban momentáneamente palabras compuestas (supongamos, puntapié), pero Sperry y Gazzaniga se aseguraban de que la primera parte de la palabra (punta, por seguir el ejemplo) sólo se viera en el campo visual izquierdo del paciente, y la segunda parte sólo se viera en el campo visual derecho (pie). Una persona normal no tendría problema en reconocer que se trata de una sola palabra. Pero, el paciente sin cuerpo calloso (es decir, con los hemisferios desconectados), diría que vio la palabra pie, y al mismo tiempo, apuntaría con su mano izquierda una foto de una punta, para señalar lo que vio.
¿Cómo ocurre esto? De nuevo, la separación de funciones en los hemisferios lo explica. El hemisferio izquierdo procesa la palabra pie (porque aparece en el campo visual derecho), y el hemisferio derecho procesa la palabra punta (porque aparece en el campo visual izquierdo). Esta información no se integra porque no hay cuerpo calloso que pase la información de un hemisferio a otro. Y así, mediante palabras (recuerda, el hemisferio izquierdo está más asociado al lenguaje), se describe lo que el hemisferio izquierdo procesa; y mediante gestos, se describe lo que el hemisferio derecho procesa. 

En estos experimentos, los pacientes quedaban muy confundidos. Con la mano apuntaban a un objeto, pero con las palabras describían otro. Incluso en algunos de estos pacientes, puede haber problemas para hacer algo tan sencillo como abotonarse una camisa. Una mano puede cerrar un botón, e inmediatamente otra mano puede volver a abrirlo.
En fin, Belén, como ves, el cerebro determina muchas de nuestras conductas. Por eso, es muy importante proteger la cabeza. Yo cometí una gran imprudencia al salir en bicicleta sin casco. Debería aprender de ti, pues sé que cada vez que sales en bicicleta, usas el casco. Pero, los golpes en la cabeza no son las únicas formas en que el cerebro puede sufrir una lesión. Como te he dicho, los accidentes cerebrovasculares también pueden afectar el buen funcionamiento del cerebro. A tu edad, es muy improbable que estés en riesgo de sufrir algo como eso. Pero, sí deberías prepararte para el futuro, pues a medida que envejecemos, el riesgo es mayor. No te mortifiques mucho por eso, y sencillamente sigue haciendo lo que siempre haces, para protegerte: haz ejercicio, y come sanamente. Se despide, tu amigo Gabriel.